lunes, 15 de julio de 2013

23.Desmontada


Antes…
Fueron meses destrozada. Meses que no sabia que hacer. Se pasaba todas las tardes en su casa viendo series americanas y  fumando para aliviar la ansiedad. Corto con Miki al no poder soportar el engaño que el pobre llevaba encima. No solo le había puesto los cuernos en incontables ocasiones ese verano sino que, se había enamorado del chico que jamás imagino poder llegar a enamorarse. Su mejor amigo. Aquel chico de ojos verdosos y una sonrisa encantadora, el mismo que se reía de las bromas mas tontas del mundo y la hacia sonreír mas que nadie en la faz de la Tierra. El chico que la intentaba espiar en el baño. Se había enamorado del imbécil que acababa de partirle el corazón en el mismo instante que se pudo dar cuenta de que, efectivamente, lo amaba más que a nada…

Hasta que el dolor parecía irse. Hasta que el dolor parecía haberse olvidado por completo y decidió sonreir, de nada servía estar triste. Y menos después de meses sin hablar con el. Sin que el se dignara si quiera a preguntarle que tal estaba…

Ahora…

Las caras durante el programa han sido un poema. Un verdadero desastre. Ya nos han echado la bronca a los dos y hemos prometido estar al cien por cien para el próximo, pero ambos sabemos que no. Que no podrá serlo a no ser que yo misma lo arregle. De la mejor forma que se .Lo intentare arreglar como pueda aunque se que va a ser imposible…

Anna llama ala puerta de enfrente. Con los pantalones vaqueros bien ceñidos a su cuerpo y una foto en su bolsillo. Es el momento de darle su foto. La foto de los dos que un día guardó como un tesoro. No se le ocurre mejor forma de pedir perdón. La verdad es que analizándolo desde fuera, parece patética. Una niña pequeña suplicando un perdón y todo porque se siente como una mierda. Lo ha notado esta mañana en su mirada. Ha notado una mirada perdida que solo había visto una vez. Con un pequeño matiz, no había rabia, solo vacío. Anna se desmonta poco a poco al ver que la puerta que tanto llama no se abre. Observa la foto una vez más y con las lagrimas a punto de brotar de sus ojos se vuelve con lentitud hacia su puerta. Se encierra en su pequeña casa, dejando caer su ligero cuerpo al suelo, dejando que el olor a vainilla esparcido por toda su casa se vuelva a colar por su nariz y cumpla su función, tranquilizarla, pero parece tan complicado...

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